Martes 19 de septiembre de 2017 UF: 26.574,00

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CORREDORES DE PROPIEDADES : PROFESIONALIZARSE O MORIR

En Chile, aún estamos en pañales con este tema . Para entregar un servicio de calidad, los corredores de propiedades deben comenzar a estudiar y capacitarse. En un mundo globalizado, no hay cabida para ‘maestros chasquillas

La especialización es el reflejo honesto de la profesionalización de los agentes inmobiliarios. Es cosa de ver lo que pasa en EE.UU., donde el real estate es un verdadero agente especializado por tipo de propiedad y zona. No existen los ‘buenos-para-todo-tipo-de-bienes-raíces’, como en el caso chileno. Los que podríamos llamar 'maestros chasquillas' del corretaje.


En Norteamérica, cada agente después de aprobar un curso, obtiene una licencia que debe estar renovando a través de exámenes y capacitaciones constantes. Además, el profesional debe estar afiliado a una de las muchas asociaciones colegiadas y debe —por sobre todo—, someterse siempre al código ético en la práctica de su actividad económica. 

Allá, se entiende que el real estate es como un médico de cabecera. Tiene contacto a lo largo del tiempo con sus clientes y es un verdadero agente que gestiona y asesora. Dada la naturaleza de su trabajo, es un aporte a la economía del norteamericano común, ya que esta actividad representa cerca del 10 % del PIB de la potencia mundial.

Es por esta misma razón que las empresas que trabajan en real estate (y toda agencia que convoca a agentes asociados) están enfocadas a ser firmas de nivel mundial, entregando un servicio de información durante la venta y después de la misma. La clave: Servicio, servicio, servicio. 

Acá en Chile estamos a años luz de este escenario, y falta mucho por resolver. Primero, la actividad del corretaje de propiedades debe ser normada, filtrada y actualizada constantemente en los contenidos técnicos y manejos de información de toda persona que tenga patente de corredor o intermediario inmobiliario.

El tema es delicado. Recuerde que, finalmente, una buena o mala asesoría es el detonante de un buen o mal negocio en el corto o largo plazo. Y es que una asesoría profesional de primer nivel permite evitar riesgos en la inversión, y realizar transacciones más eficientes en cuanto a objetivos económicos y de necesidades físicas de espacios. Eso, finalmente, incide en el desempeño y rendimiento de una empresa, familia o persona.

Por lo mismo, no puede ser que un corredor no sepa de precios de mercado. No puede ser que no pueda argumentar por qué ofrece un inmueble en tal precio y por qué podría valer más o menos en el futuro. No puede ser que no sepa cuánto gasta por concepto de contribuciones este inmueble. No puede ser que no pueda determinar las amenazas y potenciales plusvalías de una propiedad que ofrece. 

El negocio de un corredor de propiedades es manejar información y lograr acuerdos. Esa información debe ser fidedigna e integral. Fidedigna, en el sentido de ser precisa, actualizada y completa; sea buena o mala noticia. Integral, ya que debe entregar todas las variables incidentes en una compraventa o arriendo, en una inversión que busca rentabilidad de corto, mediano o largo plazo. 

Asimismo, el corredor debe informar de las amenazas y ventajas de una inversión; ese es su negocio. No es un ‘recadero’ que retransmite información neutra o no procesada, a fin de lograr rápidamente recibir su comisión. Eso es un servicio mediocre y no profesional. Por lo mismo, este tipo de prácticas están condenadas a salir del mercado, en un mundo donde la información globalizada es cada vez más integral en sus contenidos. 

World class, es el concepto clave en un mercado globalizado. El corretaje de propiedades aislado está en retirada violentamente. La clave para sobrevivir en este nuevo panorama es la información en línea, la variedad de propiedades en oferta, y la diversidad de opciones para los clientes. El servicio debe ser de excelencia.

Y si no es así —y el intermediario incurre en acciones negligentes o dolosas—, el código de comercio menciona: “La responsabilidad de los corredores por razón de las operaciones de su oficio prescribe en dos años, contados desde la fecha de cada una de estas”. En EE.UU., si un real estate comete dolo o es negligente, responde con su patrimonio y con multas muy altas. Si un cliente que visita una casa le pregunta a dicho profesional si el techo se llueve en invierno y el agente le miente diciendo que no, ese ‘no’ puede costarle millones de dólares.